
A seis meses de su llegada a la diócesis de Rancagua, monseñor Guillermo Vera Soto evalúa el 2021 y señala los énfasis que tendrá este 2022.
¿Cuál es su evaluación de este año 2021?
Decir en primer lugar que yo llegué a la Diócesis de Rancagua a fines de julio. A partir de los primeros días de agosto estaba instalado como nuevo obispo y desde ese momento mi gran preocupación fue visitar las parroquias para conocerlas y tener un primer contacto.
Es así como al terminar este año 2021, he recorrido prácticamente todas las parroquias de la diócesis y ha sido una gran alegría poder encontrarme con los sacerdotes, con los religiosos y religiosas, con los diáconos, que están trabajando; y también con tantos laicos que están comprometidos con la tarea pastoral de la Iglesia. Ha sido grato y emocionante.
A los sacerdotes siempre les he dicho que debemos darnos cuenta de lo que tenemos, de lo qué es esta diócesis, lo qué es esta región. Yo que he vivido en otras diócesis mi vida cristiana como laico, luego como sacerdote y después como obispo y llegar a Rancagua y ver la profunda fe y religiosidad que hay en mucha gente, una vida parroquial muy intensa, y una gran vida sacramental. Me ha tocado celebrar muchas confirmaciones y primeras comuniones. Ha sido muy intenso y emocionante.
Monseñor, ¿Cómo ha visto la iglesia en nuestra diócesis?
Esos primeros días de agosto, cuando asumí y comencé a visitar las parroquias recién se empezaban a levantar un poco las restricciones por la pandemia, y desde los primeros días vi mucha gente en las misas y no es así en todos los lugares y eso indica una profunda religiosidad, que hay una identidad católica muy profunda y que invito a que todos lo valoremos; y que también como sacerdotes sintamos esa responsabilidad, que nos toca pastorear y estar en las distintas comunidades. También las familias que han recibido la fe como un regalo de sus antepasados, de sus padres, de sus abuelos y que ahora le corresponde a las nuevas familias continuar transmitiendo. Ahí está el trabajo de los padres jóvenes, de los abuelos y de toda la familia. En ese sentido, feliz de poder conocer esta realidad hermosa. Sin duda, que hay cosas que hay que seguir trabajando, mejorar y superar. Como en todos los planos de la vida, pero aquí hay una fe profunda y gran religiosidad, que todos debemos agradecer y cuidar.
He visto una iglesia viva, la he visto en los jóvenes, que pese a todas las dificultades para reunirse, se han confirmado y han participado con muchos deseos de hacer cosas, de salir, de levantarse de esa postración en la que hemos estado. Los he visto muy activos en la Pastoral Juvenil convocando a la gente, creando cosas para reactivar la vida de fe en ellos.
En las comunidades parroquiales he visto un fuerte sentido de la caridad, de lo social. En la iglesia diocesana, en una preocupación por acompañar al hermano, al hermano migrante para regularizar sus papeles y buscar la manera de ayudarles en las necesidades inmediatas que van teniendo. En todo ello he visto mucha creatividad, generosidad y solidaridad de los equipos y de las comunidades parroquiales que apoyan todos estos trabajos.
Me ha tocado ver e ir constatando y celebrando la fe con estos hermanos y hermanas que me toca acompañar.
Monseñor, para el 2022, ¿Cuáles serán los énfasis?
Los énfasis los vamos conversando con el Consejo de Gobierno, donde hay sacerdotes y laicos que aportan y también escuchando a la Iglesia universal. El Santo Padre nos ha invitado en este último tiempo a trabajar en la sinodalidad. En una iglesia más sinodal, que es donde todos vivamos más en comunión, donde nos sintamos familia de Dios. Y en un pueblo, en una familia, todas las personas son importantes, todos pueden aportar con los talentos y capacidades que tenga. Entonces, todo este nuevo año que vamos a iniciar estará marcado por este trabajo sinodal que deberá estar presente transversalmente en toda nuestra pastoral. No sentir la Iglesia solo como un lugar donde voy a saciar mi necesidad de espiritualidad, a buscar un sacramento, sino la iglesia de la cual soy parte, en la cual aporto con mi tiempo, con mi vida más fiel a lo que se nos pide, con nuestra creatividad. Sentirnos más pueblo de Dios y eso debe sentirse en todos los lugares. Debemos tener este sentido más de familia, este deseo de caminar juntos. La pastoral no es responsabilidad sólo del que está a la cabeza sino de todos nosotros, eso es algo que debemos sentir fuertemente. En nuestra diócesis hay más de 700 capillas, ésta no depende solo del cura párroco y de la sra. que tiene la llave, sino de todo el sector, participando y apoyando la vida de la capilla. Debemos trabajar ese espíritu siempre.
Monseñor, en ese sentido, ¿Cómo debe ser la actitud de los laicos frente a este trabajo sinodal?
Primero saber que se va a realizar este Sínodo y estar muy dispuestos a participar en él. En nuestra Diócesis, el padre Juvenal Gálaz ha conformado un equipo de trabajo, que será el que nos orientará. Está llegando material y habrá que distribuirlo a las diferentes comunidades y movimientos, a toda la Diócesis, que los hermanos y hermanas católicos sepan que este trabajo se va a realizar y que en las reuniones ahora también tendrán que conversar sobre este “caminar juntos” y sentir que la Iglesia en el mundo entero está trabajando en este Sínodo y necesita el aporte de todos. No sentir que esto no les corresponde. En ese sentido, invitarlos a participar y a preguntar en su parroquia, en su comunidad por este trabajo.
Monseñor, ¿Qué otros desafíos hay para este 2022?
Ya vamos superando de alguna manera la pandemia y volviendo a cierta normalidad y la catequesis cobra una relevancia fundamental. El último tiempo hemos celebrado los sacramentos gracias a la creatividad de los sacerdotes, de los catequistas y la gente que a través del computador, de los teléfonos han seguido las distintas catequesis. También para dar facilidades se abreviaron los tiempos de la catequesis, pero ya llega el tiempo de ordenarnos nuevamente y sentir que en la catequesis debemos encontrarnos, porque ésta también debe ser una experiencia de escucharnos, de conocernos, de compartir y juntos de vivir la fe. Llega el tiempo de que los padres se preocupen de inscribir a los niños para que se preparen para la primera comunión y los jóvenes vuelvan a preparar la confirmación, que los padres quieran bautizar a sus hijos, a que se celebren los matrimonios.
Son las cosas fundamentales vivir este espíritu sinodal en la Iglesia y fortalecer todo lo que sea la catequesis, la pastoral que estábamos acostumbrados a hacer y que dejamos entre paréntesis por un tiempo, ha llegado el momento de retomar con mucho ánimo y creatividad y responsabilidad.