
El pasado sábado 30 de agosto, en las dependencias del Departamento Diocesano de Pastoral de Migrantes, ubicado en calle Cuevas 050 de Rancagua, se vivió una jornada de encuentro especialmente dedicada a la mujer migrante y sus familias. Con un ambiente de fraternidad y esperanza, alrededor de 35 mujeres provenientes de Venezuela, México, Colombia, Argentina y Bolivia, entre otras nacionalidades, participaron en talleres, charlas y momentos de oración.
La actividad fue coordinada junto a instituciones como el Servicio de Migrantes, el Servicio de la Mujer y Género, la Municipalidad de Rancagua, el Servicio de Salud Regional y Comunal y el Centro de la Vida Siempre, equipo del Obispado que acompaña a mujeres embarazadas en situación de vulnerabilidad. Según explicó Eva Acevedo, coordinadora de la jornada y jefa subrogante de Servicio Migrante, el objetivo fue acercar a las participantes a la oferta de programas estatales y a los servicios pastorales de la Iglesia, generando espacios que promuevan autonomía, liderazgo y acompañamiento.
La jornada comenzó con una oración de bienvenida, inspirada en el texto bíblico de Proverbios 31: “una mujer virtuosa”, signo de gratitud y fortaleza espiritual. Posteriormente, se realizaron talleres sobre derechos migratorios, acceso a salud, prevención del cáncer, programas de apoyo a jefas de hogar y autocuidado personal.
El testimonio de Niglis Castillo, de Venezuela, reflejó la importancia de este encuentro: “Quiero agradecerle a la Pastoral por brindarnos los talleres informativos que fueron de mucha ayuda, ya que nos permitió conocer a más profundidad nuestros derechos y despejar nuestras dudas. También me gustó mucho el taller sobre la salud, estuvo muy educativo, ya sabemos cómo cuidarnos. Agradecida con esta iniciativa y nos encantaría que haya otros igual”.
Desde la Pastoral de Migrantes del Obispado de Rancagua se destacó que este trabajo busca dar cumplimiento al llamado de la Iglesia a través de INCAMI: “Acoger, Proteger, Promover e Integrar” a cada migrante en nuestra sociedad. Con estas acciones, la Iglesia de Rancagua reafirma su compromiso de construir caminos de dignidad, fe y solidaridad junto a las comunidades migrantes.