
La comunidad diocesana de Rancagua, junto a toda la Iglesia chilena, vive días de duelo tras la partida a la Casa del Padre de Monseñor Alejandro Goic Karmelic, obispo emérito de Rancagua, quien falleció este lunes 1 de septiembre luego de permanecer hospitalizado desde el pasado 29 de agosto por complicaciones de salud.
Sus restos llegaron a las 14.50 horas a la capilla del Monasterio de las Religiosas Adoratrices del Santísimo Sacramento, donde se celebró la primera misa de exequias. La eucaristía fue presidida por Monseñor Óscar Blanco, obispo de Punta Arenas, y concelebrada por el actual obispo de Rancagua, Monseñor Guillermo Vera Soto, junto a otros sacerdotes.
Finalizada la eucaristía Monseñor Vera expresó el dolor de la diócesis por su partida, pero también la profunda gratitud por su vida entregada al servicio de la Iglesia: “Es una tristeza grande, acabamos de celebrar la primera misa después de que haya fallecido, pero también con la gran esperanza y sabiendo dar gracias a Dios porque fue un hombre bueno, un pastor bueno, un chileno que amó su patria. Siempre trabajó por la comunión y el diálogo, animando a la reconciliación y al encuentro fraterno”.
El obispo de Rancagua subrayó que la sencillez y mansedumbre fueron los rasgos que marcaron el ministerio de Monseñor Goic, recordándolo como un pastor humilde de corazón que supo acompañar a tantas personas en momentos de dificultad, llevándoles consuelo y esperanza.
Un legado pastoral que marcó a Chile
Monseñor Goic nació en Punta Arenas en 1940 y fue ordenado sacerdote en su tierra natal. Más tarde, fue nombrado obispo auxiliar de Concepción, luego obispo de Osorno, de Talca y finalmente de Rancagua, diócesis a la que sirvió por más de 14 años, hasta 2018.
Su trayectoria estuvo marcada por la cercanía con las comunidades, el impulso a la evangelización y su permanente preocupación por los más pobres y desamparados. En la Conferencia Episcopal de Chile tuvo un rol activo como presidente, siendo una voz clara en temas sociales y de justicia. En más de una ocasión fue considerado un “profeta de nuestro tiempo” por su mirada crítica y a la vez esperanzadora frente a los desafíos del país.
Al respecto, Monseñor Óscar Blanco recordó: “Estamos consternados con la noticia. A pesar de que sabíamos de su delicado estado de salud, siempre impacta el momento de la partida. Pero confiamos en el Señor, porque Monseñor Alejandro ha vivido su Pascua. Fue un pastor cercano, generoso, con visión profética, atento a los signos de los tiempos y siempre preocupado por los más pobres. Hoy damos gracias a Dios por habernos regalado a un hermano y un padre para la Iglesia y para Chile”.
Días de duelo y oración
Las autoridades comunales de Rancagua han decretado tres días de duelo comunal en memoria de Monseñor Goic, reconociendo el cariño y gratitud de la ciudad y la región por su vida y ministerio.
Este martes 2 de septiembre, a las 10 horas , sus restos serán trasladados a la Parroquia San Francisco de Rancagua, donde continuarán las exequias. En el templo habrá misas a las 12, 16 y 19 horas.
En tanto que su misa de funeral será el miércole tres, a las 12 horas en la Plaza de Los Héroes de Rancagua, abierta a toda la comunidad diocesana, en un clima de oración y gratitud.
Recordado como un buen pastor
Quienes conocieron a Monseñor Goic destacan su capacidad de escucha, su cercanía y su fe profunda. Él mismo solía repetir una frase que lo marcaba: “Para mí, la vida es Cristo”. Ese fue el centro de su servicio pastoral y de su entrega en cada comunidad donde estuvo presente.
En palabras de Monseñor Vera, la comunidad de Rancagua está llamada a vivir este momento con fe: “Si tenemos pena porque ya no está, demos gracias porque lo tuvimos. Fue un regalo de Dios para nuestra Iglesia y para nuestro país”.
La Diócesis de Rancagua invita a todos los fieles a unirse en oración por el eterno descanso de su obispo emérito, recordando su testimonio de fe, su sencillez de corazón y su compromiso con la dignidad de cada persona. Con su partida, Monseñor Goic deja un legado de esperanza y de fidelidad al Evangelio que seguirá iluminando el caminar de la Iglesia en O’Higgins y en todo Chile.