
Queridos hermanos y hermanas, este miércoles 2 de marzo, Miércoles de Ceniza, unidos a toda la Iglesia iniciaremos el camino cuaresmal que nos lleva a celebrar con gozo la Pascua del Señor.
Cada año en la Cuaresma, somos invitados a reencantarnos en el seguimiento de Jesús, a retomar con más seriedad nuestra vida cristiana que en el bautismo se nos regaló y que tiene como meta la vida eterna.
Se nos invita en este tiempo, a que nuestra primera actitud de fe sea aceptar en nuestras vidas el amor y la misericordia de Dios. Él nos amó primero, y el sabernos amados ha de llevarnos a querer responderle con nuestro amor y haciendo lo que a Él le agrada: amar y servir a los hermanos.
El escuchar atentamente la palabra de Dios, el rezar con más frecuencia y piedad, las obras de caridad con las cuales demostramos que nuestra gran riqueza es Cristo, van poniendo de manifiesto los sentimientos profundos del corazón en el cual sentimos los llamados del Señor a seguirle con más entrega y fidelidad. ¡Ven a Mí!, es el grito que el creyente escucha y quiere seguir, nuestro gran anhelo ha de querer ser: Misericordiosos como el Padre.
Hermanos y hermanas: este próximo Miércoles de Ceniza, vayamos como familia a la Iglesia. Recibamos la ceniza que nos recuerda lo frágil de nuestra vida pero que sin embargo se abre a la eternidad. El recordar estas verdades le dan sentido a todas nuestras luchas por ser mejores seguidores de Jesús.
Como obispo, los animo a que caminemos la Cuaresma como sinceros discípulos. Queramos proclamar con nuestra vida que Cristo vive y que nos ama y nos tiene misericordia, que seguirlo a Él es nuestra alegría y darlo a conocer a otros nuestro gozo. Por lo tanto, participemos con más frecuencia de la Santa Misa; recemos en nuestras casas; leamos la Palabra de Dios; vivamos la cuaresma de fraternidad, colocando en las alcancías el fruto de nuestras privaciones, para después alegrar con ello la vida de hermanos más desfavorecidos; preparemos una buena confesión; sirvamos al Señor realizando nuestros trabajos y tareas de la mejor manera, muy unidos a Él. Vivamos con ilusión, pequeños gestos de misericordia, de servicio, de perdón. Si los millones de los que nos decimos cristianos católicos, hacemos esto, se notará en nuestro mundo tan carente de estos gestos que dan vida y esperanza. Lo que todo buen cristiano ha de hacer siempre, en Cuaresma procuremos realizarlo con más dedicación y amor.
Hermanos y hermanas que esta Cuaresma nos lleve de verdad a tener vida abundante, una vida más llena de Dios.
De la mano de la Virgen iniciemos este camino hacia la Pascua.
Les bendigo con cariño, su obispo
+Guillermo Vera