"Conviene que tengamos en cuenta que, en Semana Santa, no sólo hemos de contemplar los acontecimientos que celebramos, como hechos sucedidos hace ya mucho tiempo, hechos históricos importantes. No, durante esta Semana, hemos de vivir con toda su fuerza estos acontecimientos que son salvadores y que en el hoy de nuestras vidas se hacen presente para nosotros", monseñor Guillermo Vera Soto.
Queridos hermanos y hermanas: llegan ya los días que, con razón, llamamos Santos; en ellos vamos a recordar con asombro y emoción el amor de Dios, que se hace patente en la entrega generosa que Jesús, verdadero hombre y verdadero Dios, hizo de su vida por nosotros y por nuestra salvación en el altar de la cruz.
Jesús ya lo había dicho: “no hay amor más grande que dar la vida por quienes se ama”. Hoy cuando tan fácilmente hablamos del amor nos hace muy bien mirar a Jesús y darnos cuenta de que el amor verdadero es entrega, perseverancia, constancia y no está exento del dolor y la contradicción.
En los días de Semana Santa, los que creemos participamos de hermosas y significativas liturgias. Ya es tiempo que, con los cuidados siempre necesarios, celebremos de manera presencial los misterios que nos dieron vida, aunque también es bueno estar atentos a aquellos que podamos participar de manera virtual, sobre todo quienes viven en lugares más alejados y que no tendrán todos los Oficios en sus Comunidades.
Conviene que tengamos en cuenta que, en Semana Santa, no sólo hemos de contemplar los acontecimientos que celebramos, como hechos sucedidos hace ya mucho tiempo, hechos históricos importantes. No, durante esta Semana, hemos de vivir con toda su fuerza estos acontecimientos que son salvadores y que en el hoy de nuestras vidas se hacen presente para nosotros.
Por esto les invito a que vivamos estos días no con un mero sentimentalismo, sino con asombro, sí, con asombro: miremos a Jesús y descubramos el amor de Dios por nosotros, aprendamos como Él a entregarnos por el bien de los demás, aprendamos a derrotar el mal con el bien, a perdonar, a no desesperarnos en medio del dolor y las dificultades sino saber confiar en Dios, a saber preocuparnos de los demás y a saber consolar a quienes necesitan de nuestra cercanía, a no desconfiar de que Dios el Padre vela por sus hijos.
Que estos días no los vivamos como una oportunidad de descanso, sino de trabajar a fondo nuestra fe, que al terminar estas fiestas con la solemnidad de la Pascua de Resurrección podamos volver a nuestras tareas normales con más esperanza y deseosos de continuar la obra del Señor. Que como Él procuremos ser servidores, sepamos llevar la cruz de cada día, procuremos no pasar de largo ante el dolor de los demás, que como Jesús y con Jesús sepamos llevar vida a todos aquellos con quienes nos encontremos.
Sea la Semana Santa un tiempo de reflexión, de oración, de volver a Dios.
Participe en su Parroquia de los Oficios Religiosos, infórmese de los horarios de Retiros y Confesiones. Estos días son un momento de gracia que no hemos de desperdiciar.
En torno a la Semana Santa, hay una celebración que se realiza sólo en la Catedral, es la Misa Crismal. En esta celebración el obispo junto a sus sacerdotes renovamos nuestras promesas sacerdotales, y en esta celebración se bendicen y consagran los santos óleos que se usan en la celebración de algunos sacramentos. Es una hermosa celebración. Les invito a que puedan acompañar a sus sacerdotes participando de ella el día 6 de abril a las 19 horas en la Catedral o por los diferentes medios que les serán informados.
Les bendigo con cariño
+Guillermo Vera Soto
Obispo de Rancagua