
El Consejo diocesano de Prevención de Abusos y Acompañamiento de Víctimas realizó el 26 de marzo una jornada “para reflexionar y discernir a la luz de la fe qué quiere Dios del Consejo”, explicó el coordinador diocesano Pedro Pablo Miranda.
Este encuentro, al cual también asistió el obispo diocesano, monseñor Guillermo Vera Soto, fue una pausa en el trabajo que se viene desarrollando y, a la vez, un hito que marca el inicio del trabajo durante este año 2022: “Queremos en esta Cuaresma hacer un paréntesis para que el Consejo pueda discernir a la luz de la fe”, aseveró.
Durante la jornada, el obispo diocesano que ha participado activamente en esta instancia diocesana desde su llegada a la diócesis de Rancagua, a través de las reuniones mensuales, agradeció la labor realizada y les solicitó que siguieran acompañándolo en esta tarea.
Al mismo tiempo, monseñor Guillermo Vera Soto los instó a seguir avanzando en las tareas del Consejo Diocesano, que son permanentes.
LA FORMACIÓN
El coordinador del Consejo Diocesano de Prevención de Abusos y Acompañamiento de Víctimas, Pedro Pablo Miranda explicó que existen tres líneas de trabajo que son permanentes para la Iglesia: la formación, la reparación y la efectividad de los canales de denuncias.
“La formación es el primer eje de la prevención”, dijo y señaló que “éste está a cargo de la secretaria ejecutiva del Consejo, hermana Verónica Santillán, e involucra avanzar en el plan de formación básica de abusos en las parroquias, especialmente en aquellas que no hay tenido las instancias formativas. Existe un catastro de cuántas parroquias y personas están formadas en estos cursos básicos y avanzados”. En ese sentido, la hermana Verónica Santillán, informó que el miércoles 23 de marzo se iniciaron las primeras reuniones con los decanatos para informarles sobre los agentes pastorales formados y hacer entrega de material de que se ha preparado.
Cuenta que en ese contexto se ha empezado a trabajar la capacitación básica con los colegios y está el desafío de realizar una formación masiva con los docentes en general.
“Lo importante es dimensionar que todos: los agentes pastorales, los catequistas, todos quienes tengamos alguna responsabilidad en la iglesia debemos tener el curso de formación básico en prevención de abusos no sólo para adquirir conocimientos frente a esta realidad sino para estar atentos a posibles situaciones que en los ambientes eclesiales puedan ser indicio de una situación de abuso. Todos los ambientes eclesiales deben estar atentos a este eje de la prevención y del buen cuidado de los ambientes”.
Adicionalmente, se debe comenzar a socializar el documento ISE (Integridad en el Servicio Eclesial), que “es un trabajo detallado que realizaron los obispos con la participación de los laicos en todas las diócesis, donde hay orientaciones claras y prácticas de cómo crear ambientes sanos en el mundo eclesial. Es un documento que todo el mundo debería conocer al detalle”, enfatizó Pedro Pablo Miranda.
REPARACION Y CANALES DE DENUNCIA
El segundo eje es avanzar en la línea de la reparación. El coordinador del Consejo de Prevención explicó que “el año pasado, los obispos chilenos publicaron un documento que tiene que ver con la dimensión de la reparación en la iglesia. Dentro de esa línea –dijo- se habla no sólo de la reparación directa a las víctimas, sino también de la reparación en el sentido de dar garantías de no repetición de la dinámica de los abusos. El tener conciencia de que este flagelo que ha estado presente en la iglesia no puede volver a ocurrir nunca más y tiene que ser una garantía efectiva de que las situaciones abusivas no vuelvan a ocurrir”.
En ese sentido, manifestó Miranda que “a veces cuesta entender que lo que ha pasado sucedió y tratamos de invisibilizarlo en el olvido y si hacemos eso no se garantiza que no vuelva a ocurrir”.
Pedro Pablo Miranda señala que el tercer eje de trabajo del Consejo es entregar a la comunidad, a los laicos, a los grupos eclesiales, los canales para denunciar, asegurar que éstos sean conocidos por los actores de acción más directa con las comunidades: las secretarias, los sacerdotes, las parroquias, colegios, que todos sepan como canalizar las respectivas denuncias”.
En ese sentido, enfatiza que “la tarea del Consejo es mantener dentro de las acciones pastorales esta idea de cuidarnos entre todos y crear ambientes sanos en el ámbito eclesial”.