"La Resurrección de Jesús, aunque siendo un acontecimiento que ocurrió en el pasado y del cual una comunidad particular fue su testigo (tanto en la experiencia del acontecimiento como en su comunicación, Cf. Mt 28,19-20), no queda recluida a ese pasado".
La experiencia de la Pascua de Jesús constituye el centro del año litúrgico y la razón de ser de la experiencia cristiana. La Resurrección de Jesús, aunque siendo un acontecimiento que ocurrió en el pasado y del cual una comunidad particular fue su testigo (tanto en la experiencia del acontecimiento como en su comunicación, Cf. Mt 28,19-20), no queda recluida a ese pasado. Y, a su vez, aunque la fe cristiana espera que al final de los tiempos la creación entera compartirá la Resurrección final y la consumación de la historia (Cf. Rom 8,19), esa Pascua tampoco queda reducida a un acontecimiento distante de nosotros. Por ello, en este artículo quisiera pensar junto a ustedes cómo la Pascua de Jesús es un acontecimiento que hoy ya nos está impactando, que hoy la Resurrección de manera efectiva y afectiva significa algo para nosotros, que, como dice el teólogo español Juan Alfaro, nuestra vida presente ya experimenta “signos anticipadores” de la Resurrección. Por lo tanto: ¿qué significa que nuestra vida esté impregnada de Resurrección? ¿qué consecuencias eclesiales, pastorales, humanas o sociales surgen de nuestra fe en la Resurrección? ¿qué significa la Resurrección para nosotros hoy? ¿qué significa vivir como resucitados Estas son algunas de las preguntas que quisiera proponer y reflexionar en este artículo.
1. El estado de la cuestión: “El desafío de vivir como resucitados” (Elsa Tamez)
La teóloga y biblista mexicana Elsa Tamez escribió el 2002 un artículo titulado “El desafío de vivir como resucitado” (se encuentra fácilmente en internet: ¡leerlo será de mucho provecho!). En este trabajo, Tamez indica que el concepto de “vivir” expresa nuestra condición terrena, cotidiana, familiar, eclesial, cultural. Y que el “resucitados” habla de una condición que trasciende la historia, que está más allá de las condiciones limitadas del espacio y el tiempo. Por ello Elsa Tamez coloca importancia en el “como” para indicar que ya hoy, en esta historia de todos los días, ya podemos comenzar a vivir aquello que esperamos ocurrirá en la plenitud de esa historia. Esto en teología se denomina el “ya pero todavía no”, es decir: la Resurrección de Jesús ya sucedió en la historia pero su plenitud para toda la creación y para nosotros como partícipes de ella todavía no ha llegado a su culminación. En palabras de Elsa Tamez: “el desafío de vivir como resucitados es un reto a personas y comunidades para que caminen conforme al Espíritu y vivan una espiritualidad liberadora. Se trata de una llamada urgente a una sociedad asfixiante, con la gente y las comunidades cansadas y con poca esperanza, y en una iglesia excesivamente institucionalizada que presta poca atención al Espíritu”.
Construir espiritualidades liberadoras, animar la justicia y la esperanza, imaginar y ensayar nuevas posibilidades de ser Iglesia, por ejemplo, en la experiencia del Sínodo, vivir la solidaridad y la compasión, son signos que nos hacen vivir como Resucitados. Esa vivencia ocurre gracias a la presencia del Espíritu que resucitó a Jesús (Cf. Rm 8,11) y que deposita en nosotros la gracia de esa misma Resurrección. Por ello vivir como resucitados es dejarse animar por la fuerza transformadora del Espíritu de la Pascua, el Espíritu de Aquél que nos libera del temor, del egoísmo, del pecado y de la muerte y que con la entrega de su vida hasta el extremo (Cf. Jn 13,1) nos invita a entrar en la vida y en los procesos de humanización.
2. Encontrar al Resucitado en la comunidad
Si el Espíritu que resucitó a Jesús de Nazaret es la irrupción de una dinámica que nos invita al encuentro, a la relación amorosa, a la superación del egoísmo y de una vida desconectada de los otros, del mundo y de Dios, quizás una de las perspectivas que destacan en el desafío de vivir como resucitados es la presencia de la comunidad como lugar de encuentro con ese Resucitado. Esto lo podemos reconocer en los relatos evangélicos de la resurrección: Emaús y el trasfondo eucarístico (Lucas 24), Tomás que reconoce a Jesús estando junto a la comunidad (Juan 20) y la pesca milagrosa y el lugar de Pedro como cabeza de la comunidad (Juan 21). La Resurrección se comprende de mejor manera en el vínculo con la comunidad porque al Resucitado lo encontramos en medio de la comunidad y no fuera de ella.
Por ello, y asumiendo el título de uno de los libros del teólogo Leonardo Boff, es necesario continuar creyendo en la “resurrección de la verdadera Iglesia”, de una Iglesia nazarena, pobre, compasiva y dialogante. La Resurrección de Jesús viene a romper los modelos enclaustrados de una Iglesia excesivamente centrada en sí misma como ha denunciado el Papa Francisco. Una Iglesia Pascual, como la pensó el teólogo chileno Ronaldo Muñoz. La Iglesia Pascual es la que sabe acompañar procesos de libertad, de escucha y justicia. La Iglesia de la mañana de Pascua también es la Iglesia crucificada. Por ello, si el desafío propuesto por Elsa Tamez es la de vivir la vida como resucitados, también es bueno preguntarnos por el cómo vivir nuestro cristianismo desde una perspectiva pascual.
¿Y tú, y nosotros? ¿cómo vivir la vida cristiana desde la Resurrección?
¡Feliz Pascua! ¡Feliz Pascua que nos desafía a convertirnos!
Preguntas para la reflexión:
- Leer los capítulos 24 de Lucas y 21 de Juan. Luego, responder: ¿qué lugar ocupa la comunidad/Iglesia en estos relatos?
- ¿Cómo entiendo el “vivir como resucitados”?
Juan Pablo Espinosa Arce
Teólogo
Laico Parroquia El Sagrario