
Con el comienzo de la Cuaresma, la Iglesia diocesana puso en marcha una nueva versión de la Cuaresma de Fraternidad, cuyo lema este año es: “Bienaventurados los viejos, porque en ellos habita la memoria, la sabiduría y el futuro”. La campaña busca reunir recursos para apoyar pastoral y socialmente a los adultos mayores en situación de vulnerabilidad.
El obispo de Rancagua animó a vivir este tiempo como un camino concreto de solidaridad. “Cada año como Iglesia somos invitados a colaborar con generosidad para que, con la ayuda de todos, en muchos hermanos renazca la esperanza”, expresó, subrayando que no se trata solo de un aporte económico, sino de una actitud espiritual.
La iniciativa contempla que cada familia retire desde su parroquia la tradicional alcancía y deposite en ella el fruto de pequeños sacrificios cotidianos. “A lo mejor un día nos privaremos de una bebida, de una salida o de algo que nos gusta, pero por amor a Dios y a los hermanos”, señaló el pastor diocesano, destacando que ese gesto sencillo adquiere un profundo sentido eclesial.
Durante todo el tiempo cuaresmal, las comunidades podrán reunir sus aportes, que serán entregados al celebrar la Pascua de Resurrección. Los fondos permitirán sostener acciones concretas de acompañamiento, apoyo y cercanía hacia personas mayores que necesitan sentirse valoradas y acompañadas.
“Demos algo de nuestra vida para que nuestros hermanos mayores tengan un poco más de esperanza”, insistió el obispo, invitando a vivir esta campaña como preparación interior hacia la Semana Santa.
Así, la Cuaresma de Fraternidad en Rancagua se presenta como una oportunidad para unir conversión, oración y compromiso social, haciendo visible el rostro solidario de la Iglesia que camina hacia la Pascua del Señor.