Iglesia de Rancagua despidió a Benedicto XVI

Martes 17 de Enero del 2023
- El viernes 6 de enero se celebró una misa en la Catedral de Rancagua para agradecer por su vida y ministerio, y orar por su descanso eterno.
Hombres, mujeres, niños y niñas participaron en la misa que ofició el obispo de Rancagua, monseñor Guillermo Vera Soto, el viernes 6 de enero en la Catedral de Rancagua, para agradecer a Dios por el ministerio del Papa Benedicto XVI y para orar por el eterno descanso de su alma. Los participantes de la misa llegaron de distintos puntos de la diócesis, y junto a cerca de 10 sacerdotes que participaron en el acto litúrgico, se unieron a las distintas iniciativas de oración y agradecimiento por el fallecido Papa. Benedicto XVI, que fue el primer pontífice en casi 600 años en renunciar a su cargo, en el año 2013, falleció el sábado 31 de diciembre de 2022 en Roma, a los 95 años. En su homilía el obispo de Rancagua destacó su carácter de estudioso de la vida y enseñanzas de Jesús, que fue dando a conocer y entregando testimonio de ellas a la largo de su vida. “Como Iglesia de Rancagua nos unimos para dar gracias por la vida de este hombre sencillo, estudioso, que sin duda supo usar muy bien los talentos que el Señor le había regalado. Le regaló una inteligencia sublime, que él supo aprovechar y, a lo largo de su vida, estudió, profundizó y predicó lo que Jesús enseñaba”. Recordó a los presentes que al fallecido Papa Benedicto le correspondió vivir en tiempos difíciles de la historia y de la Iglesia, y que aún ante ellos “supo guiar la Barca de San Pedro”. Testamento Espiritual del Papa Joseph Aloisius Ratzinger, Benedicto XVI, partió a la Casa del Padre, dejando un testamento espiritual que compartimos: “Si en esta hora tardía de mi vida miro hacia atrás y repaso las décadas por las que he pasado, veo en primer lugar cuántas razones tengo para dar gracias. En primer lugar, doy gracias a Dios mismo, dador de todo bien, que me dio la vida y me guió en diversos momentos de confusión; siempre me levantó cuando empecé a resbalar y siempre me devolvió la luz de su semblante. En retrospectiva veo y comprendo que incluso los tramos oscuros y fatigosos de este camino fueron para mi salvación y que fue en ellos donde Él me guió bien. Doy las gracias a mis padres, que me dieron la vida en una época difícil y que, a costa de grandes sacrificios, con su amor me prepararon un magnífico hogar que, como una luz clara, ilumina todos mis días, hasta el día de hoy. La lúcida fe de mi padre nos enseñó a los niños a creer, y como señal siempre se ha mantenido firme en medio de todos mis logros científicos; la profunda devoción y la gran bondad de mi madre son un legado que nunca podré agradecerle lo suficiente. Mi hermana me ha asistido durante décadas desinteresadamente y con afectuoso cuidado; mi hermano, con la lucidez de sus juicios, su vigorosa resolución y la serenidad de su corazón, me ha allanado siempre el camino; sin este constante precederme y acompañarme, no habría podido encontrar la senda correcta. De corazón doy gracias a Dios por los muchos amigos, hombres y mujeres, que siempre ha puesto a mi lado; por los colaboradores en todas las etapas de mi camino; por los profesores y alumnos que me ha dado. Con gratitud los encomiendo todos a Su bondad. Y quiero dar gracias al Señor por mi hermosa patria en los pre-alpes bávaros, en la que siempre he visto brillar el esplendor del Creador mismo. Doy las gracias al pueblo de mi patria porque en él he experimentado una y otra vez la belleza de la fe. Rezo para que nuestra tierra siga siendo una tierra de fe y os lo ruego, queridos compatriotas: no os dejéis apartar de la fe. Y, por último, doy gracias a Dios por toda la belleza que he podido experimentar en todas las etapas de mi viaje, pero especialmente en Roma y en Italia, que se ha convertido en mi segunda patria. A todos aquellos a los que he hecho daño de alguna manera, les pido perdón de corazón. Lo que antes dije a mis compatriotas, lo digo ahora a todos los que en la Iglesia están confiados a mi servicio: ¡manteneos firmes en la fe! No se confundan. A menudo da la impresión de que la ciencia –las ciencias naturales, por un lado, y la investigación histórica (especialmente la exégesis de la Sagrada Escritura), por otro– es capaz de ofrecer resultados irrefutables en contradicción con la fe católica. He vivido las transformaciones de las ciencias naturales desde hace mucho tiempo, y he podido comprobar cómo, por el contrario, las aparentes certezas contra la fe se han desvanecido, demostrando no ser ciencia, sino interpretaciones filosóficas sólo aparentemente pertenecientes a la ciencia; del mismo modo que, por otra parte, es en el diálogo con las ciencias naturales como también la fe ha aprendido a comprender mejor el límite del alcance de sus pretensiones, y por tanto su especificidad. Hace ya sesenta años que acompaño el camino de la Teología, en particular de las ciencias bíblicas, y con la sucesión de las diferentes generaciones he visto derrumbarse tesis que parecían inamovibles, demostrando ser meras hipótesis: la generación liberal (Harnack, Jülicher, etc.), la generación existencialista (Bultmann, etc.), la generación marxista. He visto y veo cómo de la maraña de hipótesis ha surgido y vuelve a surgir lo razonable de la fe. Jesucristo es verdaderamente el camino, la verdad y la vida, y la Iglesia, con todas sus insuficiencias, es verdaderamente su cuerpo. Por último, pido humildemente: rezad por mí, para que el Señor, a pesar de todos mis pecados e insuficiencias, me reciba en las moradas eternas. A todos los que me son confiados, día a día, va mi oración de corazón.”