“No podemos ser una sociedad que se envejece, somos una sociedad que siempre va a necesitar de la alegría de los niños”, señala Monseñor Guillermo Vera Soto, obispo de Rancagua, en su mensaje a la comunidad.
Muy queridos hermanos y hermanas:
Han sido días difíciles, días de pena en la comunidad nacional y, de manera especial, en nuestra comunidad, aquí en Rancagua. Cómo no, si nos ha tocado acompañar a esos hermanos nuestros mineros, que han muerto trágicamente en su faena; y hemos acompañado también a sus familias en el dolor.
Encomendamos a toda la familia minera al patrono de los mineros, San Lorenzo, al que recordamos este 10 de agosto.
San Lorenzo fue un diácono y mártir de la Iglesia católica, conocido por su servicio a los pobres y su valentía frente al martirio, es conocido también por ser patrono de los diáconos. Por ello, en este domingo también celebramos y recordamos con especial cariño a nuestros diáconos, a esos numerosos hermanos, que en nuestras comunidades cristianas realizan una tarea de servicio tan importante con su vida consagrada y son ahí testimonio vivo del Señor en medio de su familia, en su lugar de trabajo y, por supuesto, en nuestras comunidades cristianas, prestando distintos servicios pastorales.
Día del Niño
Este domingo es también el día del niño, que celebramos en familia y en nuestras comunidades. Los mayores se han preocupado en estos días de ir a comprar aquel regalo bonito con el cual alegrar la vida de esos niños, que son un gran regalo de Dios para todos nosotros. A ellos debemos tenerlos presentes no sólo un día, sino que siempre, y a ellos hemos de procurar alegrar, no sólo con un obsequio -y esto es muy importante tenerlo en cuenta- sino que con la presencia. Los niños y niñas no sólo necesitan de lo que los mayores puedan darles, sino que los necesitan a ellos: los necesitan a ustedes. Tú que has comprado con cariño un regalo para tus hijos, no olvides que tus hijos quieren que tú juegues con ellos, que tú le des tiempo a ellos, que tú les dediques momentos para compartir su vida, sus alegrías, para ir preparándolo y enseñándole.
Nos alegramos con los niños, cómo queremos que ellos puedan tener un ambiente, un entorno seguro y que así, se les vaya asegurando también una vida tranquila y con más esperanza. Pero con todo, debemos recordar ciertas realidades: Hoy día son menos los niños que están con nosotros y como sociedad nos vamos envejeciendo.
Nuestros niños, hoy día, quizás no tienen la alegría que nosotros tuvimos de tener muchos primos y muchos amigos. Hoy, las familias son tan pequeñas y tardan en formarse. Es algo ante lo cual debemos estar atentos y hemos de procurar revertirlo.
No podemos ser una sociedad que se envejece, somos una sociedad que siempre va a necesitar de la alegría de los niños. A esos niños que están con nosotros hemos de acogerlos, cuidarlos y prepararlos para la vida, para que también ellos sean generosos en querer formar familia y en ser guardianes de la vida.
No podemos olvidar hoy -cuando celebramos a los niños- que hay muchos niños que no llegan a esta vida, que hay muchos niños a los cuales les impedimos nacer. Sí, esa es una realidad también que debemos tener presente y ante la cual nosotros, como creyentes, debemos tener una postura. Hemos de querer y cuidar la vida desde su primer instante, desde que comienza a existir en el vientre de su madre, y cuidar esa vida hasta su muerte natural. Respetemos el valor de la vida, acompañemos la vida de nuestros niños, formémoslos y ayudémosles a que puedan ser hombres y mujeres de bien.
Alegrémonos con esos niños que han venido a compartir nuestra vida y que esperan que les ayudemos y preparemos para la vida y para el cielo.
Que Dios les bendiga.
+Guillermo Vera Soto
Obispo de Rancagua