El próximo lunes 18 de agosto celebramos en Chile al padre Alberto Hurtado, San Alberto Hurtado, santo de esta Iglesia que camina en Chile y, fijándonos en la figura del padre Hurtado, que tanto motivó con su vida, con su palabra y con su ejemplo, a vivir la virtud de la caridad, del amor, del servicio, de la solidaridad es que este mes está dedicado en Chile a reflexionar sobre la virtud de la solidaridad.
San Alberto Hurtado, campeón de la solidaridad, es quien con su ejemplo y motivación nos anima a vivirla con alegre entrega.
En la Palabra de Dios encontramos una invitación a darle sentido a nuestra vida sirviendo a los más necesitados. En el profeta Isaías encontramos el siguiente texto: “¿No saben cuál es el ayuno que me agrada? Romper las cadenas injustas, desatar las amarras del yugo, dejar libre a los oprimidos, compartir tu pan con el hambriento… entonces tu luz surgirá como la aurora…”. Para quienes creemos hay una unión vital entre el amor a Dios y el amor al prójimo. “El que dice amar a Dios y no ama a su hermano es un mentiroso…”, dice la Biblia.
La solidaridad ha de surgir entonces, como la expresión directa del amor a Dios en nuestros hermanos. La solidaridad implica gratuidad. Juan Pablo II en su visita nos dijo: “La solidaridad implica sentir la pobreza ajena como propia, hacer carne de uno mismo la miseria de los marginados y, a la vista de ellos, actuar con rigurosa coherencia”.
Muchos santos a lo largo de la historia dan testimonio que sus vidas han cambiado cuando sus vidas han entrado en contacto con las personas que sufren, y con aquellos que viven la exclusión y la marginación. Francisco, Teresa de Calcuta, Alberto Hurtado lo corroboran. También no creyentes experimentan el gozo de servir, y crecen en humanidad precisamente sabiendo sentir con el otro.
Muchas veces decimos que nuestra sociedad es individualista, y hay razón para esta queja, sin embargo, es hermoso constatar la cantidad inmensa de personas que sienten el llamado a servir, a olvidarse de sí mismos y a pensar en el bien de los demás especialmente de los más vulnerables. Son adultos y jóvenes que junto a las tareas que realizan suman el dar tiempo para estar con quienes les necesitan. Las personas que hacen esto, han experimentado lo que también nos enseña la Palabra: “Hay más alegría en el dar que en el recibir”. Los que participan de estas acciones solidarias son sin duda personas más agradecidas con lo que tienen, logran ser más fuertes ante la adversidad y crecen en humanidad. El contacto con el dolor y las diferentes necesidades les ayuda a nos pensar tanto en sí mismas, sino a crecer entregándose a los demás, a vencer egoísmos y a vivir con más apertura y generosidad. Pienso que una buena terapia para vencer los desalientos, adicciones, angustias sería formar parte de algún voluntariado de servicio; los pobres y sufrientes serán una buena escuela para ayudar a no dejarse vencer fácilmente por lo adverso y a saber descubrir las cosas simples que dan sentido y esperanza a la vida.
Siempre tendremos motivos para ser solidarios. Unámonos a tantos que ya lo son y que así nuestras vidas se llenen de sentido y que en el mundo haya motivo para mantener la esperanza, porque en él hay mucha gente buena.
Llevar un poco más de esperanza
Aprovecho este mes de agosto y esta fiesta de San Alberto Hurtado para hacer una invitación muy especial. Una preocupación que hemos de tener todos -es una de las obras de misericordia que la Iglesia nos enseña que debemos practicar - es la visita a los enfermos y la visita a quienes están presos en las cárceles.
Esto es algo propio del cristiano, algo propio que la Iglesia debe realizar. No todos podemos ir a la cárcel, pero sí necesitamos que haya un grupo no pequeño de hermanos y hermanas que, participando de una pastoral que se dedique a esta tarea, visite los centros carcelarios y lleve la palabra de Dios, el cariño y la ternura del Señor a quienes ahí están. Y lo mismo sucede con la visita a los a los enfermos, en los hospitales, en las clínicas y por supuesto, en sus casas.
Como Iglesia tenemos estos grupos de agentes pastorales, pero quisiéramos que fueran más. Por eso aprovecho esta oportunidad de invitarte: Si tú tienes un poco de tiempo y sientes un llamado a servir en este especial servicio de la caridad que es visitar enfermos, que es visitar la cárcel, te pido que te pongas en contacto con nosotros para colaborar en este servicio y poder llevar un poco de esperanza. ¡Qué el Señor nos conceda la gracia de poder servir con alegría!
Qué Dios les bendiga.
+Guillermo Vera Soto
Obispo de Rancagua
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