Muy queridos hermanos y hermanas:
Cada año, en el mes de octubre, la Iglesia que camina en Chile dedica un tiempo a meditar sobre el valor de la familia. Por esto, quiero compartir con ustedes algunas ideas que conviene tener en cuenta para cuidar el tesoro grande que es cada una de nuestras familias, y también poder pedir la ayuda, el auxilio del Señor, para poder continuar viviendo en ese espíritu de comunidad, en la cual tenemos que aprender todos a querernos mucho, a escucharnos, a apoyarnos y también a perdonarnos.
Quisiera recordar algunas de las enseñanzas que el Papa Francisco dio acerca de la familia. Creo que es bueno poder acogerlas en nuestra vida, meditarlas y tratar de vivirlas. “La comunidad de la familia es el ámbito de socialización primaria, porque es el primer lugar donde se aprende a colocarse frente al otro, a escuchar, a compartir, a soportar, a respetar, a ayudar, a convivir. Es en la familia donde se educa para saber vivir en comunidad. Es en la familia donde se ha de enseñar a recuperar el valor de la vecindad, el cuidado, el saludo. Es ahí donde se ha de romper el primer cerco del mortal egoísmo, para reconocer que vivimos junto a otros que son dignos de nuestra atención, de nuestra amabilidad, de nuestro afecto”, señaló el Santo Padre.
Sencillas, hermosas y luminosas palabras que el Papa Francisco nos ha regalado, donde nos hace sentir lo importante que es en la formación de la persona y del ser humano, la familia. Es el lugar de encuentro, donde aprendemos a compartir, a caminar juntos, también a discutir, a veces a pelear un poco, pero también a disculparnos, a perdonarnos. Es el lugar donde nos queremos, porque sí, somos familia.
Por eso el Papa también nos dice que la familia enseña al hombre y a la mujer a saber convivir, lo prepara para la vida, lo prepara para formar parte de esa gran familia que es la humanidad entera, donde tendremos que aprender a conocernos, a escucharnos, a disculparnos y a trabajar juntos. Cuánto necesitamos entonces de esta escuela primaria y fundamental que es la familia, donde se forma cada hombre y cada mujer con aquellas herramientas que nos van a permitir desenvolvernos mejor en toda nuestra existencia.
Mirando la realidad del mundo actual, el Papa nos invitó a tomar conciencia de los múltiples desafíos que enfrenta la familia y dijo: “Me refiero, por ejemplo, a la velocidad con que las personas pasan a veces de una relación afectiva a otra. Creen que el amor, como en las redes sociales, se puede conectar o desconectar a gusto del consumidor o incluso bloquear rápidamente. Se traslada a las relaciones afectivas lo que sucede con un modo de proceder con los objetos y el medio ambiente: Todo esto es descartable, cada uno usa y tira, gasta y rompe, aprovecha y estruja mientras sirva, después adiós”.
En la familia vivimos relaciones tan importantes, relaciones que nada puede borrar. El hecho de formar parte de la familia, de ser parte de ese tronco y tener todos la misma sangre, un mismo apellido, no se puede borrar. Por eso, el Papa nos advertía de aquello que también hoy día se puede meter en la familia y que -de hecho- se va introduciendo con facilidad: los compromisos se rompen, se pasa de una relación a otra, siempre con dolor. Una situación de quiebre siempre produce dolor, eso hay que tenerlo presente también, pero tenemos que evitar que se nos vaya metiendo en nuestra manera de pensar o de actuar, que las cosas pueden fácilmente cambiarse y, si no me fue bien aquí, me irá bien en otro lugar, si no me resultó esta relación quizá me podrá resultar otra.
En la familia se nos ha enseñado también a saber permanecer en el compromiso, saber aguantar muchas veces, saber perdonar, disculpar, darnos nuevas posibilidades y aquellos que a lo mejor en un momento sufrieron un quiebre y que saben lo doloroso, quizá al tener otra relación la sabrán cuidar muy bien. Basta de seguir sufriendo, de seguir probando, por eso mismo, debemos meditar cómo prepararnos todos para ser y hacer mejores familias.
Una familia no es descartable
La familia es el primer lugar en que se prepara para ser familia, es el primer lugar donde se forma para el matrimonio, es ahí donde nuestros niños y jóvenes aprenderán a ser esposos, a tener compromisos, a enfrentar dificultades, a crecer en comunidad. Cuidemos nuestras familias, una familia no es descartable, una familia requiere de lo sólido, de aquella solidez que le permita permanecer en el tiempo.
Decía el Papa Francisco hermosamente: “tener un lugar a donde ir se llama hogar, tener personas a quienes querer se llama familia y tener ambas es una bendición”.
Quisiera invitarles a que sepan cuidar su familia, no siempre es fácil, también hay tensiones, hay dificultades y por eso Francisco enseñaba y decía: “en la vida matrimonial se discute, a veces incluso vuelan plato decía el papa, pero les doy un consejo, nunca terminen el día sin hacer las paces”. El Papa quizá recordaba aquello que nos dice san Pablo, cuando señala que si se enojan no peguen, que la puesta del sol no los encuentre enojados, es decir, en una relación de personas surgen tensiones, pero que sepamos como disculparnos y no alargar los enojos. Entonces, los llamo a cuidar, valorar las familias, a preparar a nuestros jóvenes que también desean formar familia.
Necesitamos familias sanas y los hijos necesitan de papás jóvenes, que jueguen con ellos, y no que los jóvenes hoy día vayan postergando el ser padres. Los hijos necesitan padres jóvenes, que jueguen con ellos, que los carguen, que les dediquen tiempo.
Adultos mayores
Hay que preparar a las nuevas generaciones para que sepan formar familia. En ellas son muy importantes los adultos mayores, nuestros abuelitos y abuelitas que también en el mes de octubre celebran un tiempo especialmente dedicado a ellos.
Los mayores nos pueden enseñar el valor de la familia, del esfuerzo, del sacrificio, de la dedicación, del perdón, de la fortaleza, sí, es bueno escuchar a los mayores, y que toda familia tenga presente que donde se respeta y atiende a los abuelos que son memoria viva. Esa será una familia realmente integrada, y. sana.
Cuidemos cada una de nuestras familias, que con sus luces y sombras son lo más grande que tenemos y que cada uno de nosotros sepa aportar lo mejor de sí para que estas familias sean grandes.
Mes de la Familia
Como obispo los animo a vivir este mes de la familia y agradezco el trabajo que la Pastoral familiar de nuestra diócesis de Rancagua, que asesora el padre Ernesto Castro. Ellos han preparado un material muy valioso que estará a disposición en sus parroquias. Hay temas para reflexionar, conversar y rezar juntos.
Demos gracias a Dios por nuestra familia, cuidemos nuestra familia y que la Virgen Santa, Reina de la familia, ella ruegue por nosotros y que, así como está renaciendo todo en primavera, renazca también el cariño, el amor, florezca con fuerza ese amor en cada uno de nosotros.