
El día 1 de mayo se cumplen noventa años desde la inauguración del entonces Seminario Menor Cristo Rey de la Diócesis de Rancagua, en 1934. Entre 1969 y 1972 se vivió una etapa de transición de Seminario Menor (que continuó con ese carácter hasta 1972, con clases en el Liceo de Hombres de Rancagua) y el Seminario Mayor, a partir de 1969 (trasladado en 1972 a la casa parroquial de El Sagrario y en 1973 a la casa de calle Lídice, con clases en Santiago, Mariquina y Valparaíso).
El primer alumno, por orden de matrícula, fue Ramón Gutiérrez Gajardo, niño originario de Chimbarongo, cuyo apoderado fue el Pbro. Daniel O’Ryan, cursando el tercer año de Preparatoria. La matrícula de ese año inicial fue de trece alumnos (siete de segundo de Preparatoria y ocho de tercero de Preparatoria. En su larga historia, el seminario contó con trece rectores, desde el Pbro. Alfredo Salas Galarce (1934-1953), hasta el Pbro. Luis Piña Vargas (2014-2017); y dos sacerdotes como formadores encargados (2017-2021). Además, acogió como seminaristas internos a alumnos de catorce diócesis de Chile (entre Arica y Punta Arenas) y de la Sociedad Misionera del Buen Pastor, y numerosos alumnos externos de otras tres congregaciones religiosas (guanellianos, mercedarios y asuncionistas). Recibió la Visita Apostólica del obispo José María Arancibia, arzobispo de Mendoza, en 1994.
Desde el año 1947 se han ordenado 114 presbíteros, lo cual significa un promedio de 1,5 sacerdotes por año. El primero fue el Pbro. Hernán Ramírez Cuevas, ordenado el 20 de septiembre de 1947. El más reciente es el Pbro. Alejandro Humberto Fredes Marchant, ordenado el 29 de mayo de 2021.
Algunos testimonios
Tres ex alumnos del Seminario Cristo Rey nos entregan sus impresiones en este aniversario. Corresponden a tres etapas históricas y de tres edades diferentes, dos de ellos presbíteros y un tercero que es un seminarista en camino al sacerdocio. El primero de ellos fue el último seminarista menor que se ordenó presbítero, a quien le correspondió la transición a Seminario Mayor en 1969. Igualmente, fue rector durante diez años. El segundo se formó a partir de los años 90 y vivió el traslado a la casa de Graneros en 1995, ordenándose sacerdote en 2005. Entre 2010 y 2011 fue vicerrector. Y el actual seminarista ingresó en 2013, siendo el último seminarista ingresado a Cristo Rey. Le correspondió el cambio de formación hacia el Seminario Pontificio de Santiago en 2014, proceso que culminó en 2023. Actualmente, realiza su año pastoral en Peralillo, continuando su proceso formativo.
Pbro. Bernabé Silva Durán:
“Nuestro Seminario de Cristo Rey, a lo largo de su historia, ha formado abnegados sacerdotes que han servido y sirven a nuestra Iglesia diocesana. En la formación ha contado con "Líneas de Orientación" y un "Proyecto Educativo" (1997-1998), ambos aprobados por la Santa Sede, que han guiado la formación de pastores según el Corazón de Cristo. Valoro el apoyo de nuestros obispos diocesanos y la corresponsabilidad de la Iglesia diocesana en la formación de sus sacerdotes insertos en la realidades sociales, culturales y religiosas de la región.
De cara al Centenario de la Diócesis sería bueno realizar un serio discernimiento de la reapertura de nuestro querido Seminario, de modo que nos permita caminar y proyectarnos juntos en la formación de los pastores para nuestra Iglesia diocesana. Dios ha bendecido nuestra diócesis con numerosas vocaciones y debemos rezar y trabajar para que haya muchos jóvenes que opten por ser sacerdotes y de verdad el Seminario sea el " Corazón de la Diócesis". ¡¡¡VIVA CRISTO REY!!!”
Pbro. Claudio Fuenzalida Piña:
“Conocí las dependencias de nuestro seminario el año 1993, cuando participaba de las jornadas vocacionales. El 19 de marzo de 1994 me abrió las puertas de par en par para iniciar la formación sacerdotal. En la calle Lídice 450, población Esperanza de Rancagua, me recibió el padre Bernabé Silva, junto a los padres Manuel Peña, Luis Escobar, Felipe Pardo y Don Miguel Salcedo. Fue un año lleno de sorpresas y desafíos. El momento más hermoso fue en noviembre, donde recibimos el alba y la cruz en la Solemnidad de Cristo Rey. Al año siguiente nos tuvimos que mudar a Graneros. Hermosa casona de campo, que con un gran parque con sus secoyas centenarias nos acogieron en la tierra que huele a café. Fuimos testigos de la construcción de la capilla y de los pabellones de Filosofía y Teología. Después, la casa de Propedéutica. El hermoso entorno y la gran cantidad de seminaristas que llegamos a ser (56), me permitió cultivar la amistad con varios hermanos con quienes mantenemos fuertes lazos de cariño, aprecio y fraternidad hasta el día de hoy.
La vida de oración, los estudios y la vida comunitaria fueron muy importantes en la formación de mi corazón sacerdotal. También la participación de la familia fue un aliciente importantísimo en la configuración de mi sello sacerdotal. Las distintas experiencias pastorales igualmente fueron momentos muy valiosos. Hasta hoy agradezco a los obispos, formadores y seminaristas que la Divina Providencia puso en el camino de mi larga formación sacerdotal, porque el seminario fue la escuela donde se formó el corazón de un hombre que se sintió llamado al sacerdocio, teniendo siempre presente que era un Don inmerecido. Hoy mantengo la esperanza que algún día Dios nos permitirá tener nuevamente abiertas las puertas de nuestro seminario para que muchos jóvenes puedan cruzarlas en busca de aquella formación humana, espiritual, intelectual y comunitaria que forjará los corazones de los pastores para este tiempo”.
Seminarista Pablo Muñoz Ortiz:
“Ad portas del Centenario de nuestra diócesis, quisiera manifestar con profundo cariño y gratitud el compromiso que tuvo nuestro Seminario Cristo Rey – en sus 90 años – en la formación de nuestros sacerdotes. Durante mucho tiempo, fue el gran faro que nos guió en el anhelo de configurarnos con Cristo Buen Pastor para servir, amar y acompañar a nuestro pueblo. Para mí, la comunidad del seminario fue una gran familia, constituida por trece seminaristas, dos formadores y algunos trabajadores. Allí aprendí a valorar la historia y los dones de cada hermano, y también a aceptar y respetar sus limitaciones. Recuerdo con mucho cariño las diversas actividades: la gran celebración de Cristo Rey, el mes de María, los retiros espirituales, las actividades deportivas, los viajes a estudiar a Santiago, entre otras.
Quisiera invitarlos a que seamos agentes vocacionales. Rezo y tengo la firma esperanza en el Señor de que en algún momento se vuelva a abrir nuestro seminario. El Señor siga bendiciendo nuestros pasos y nos conceda la gracia para ser fieles, en el nombre de Cristo Rey”.
Por Pbro. Hugo Patricio Yáñez Canales