Palabras del Pastor

Navidad: un momento para que nos preparemos para recibir al Salvador

“Necesitamos prepararnos interiormente para acoger a Jesús”, señala el obispo de Rancagua, monseñor Guillermo Vera en su mensaje. Además, nos desea que “Navidad deje un pozo de alegría y de gracia en nuestros corazones”.

Muy queridos amigos y amigas:

Llega la Navidad y mi deseo es que todos podamos estar contentos y que esta fiesta no pase desapercibida, sino que deje una impronta en nuestras vidas. Lo digo porque a veces los acontecimientos que celebramos cada año, los vivimos tan a prisa y con agobio, que lo único que queremos es que las festividades pasen pronto. Navidad lleva algo de eso, son tantas las actividades, las compras, los regalos, que al final estamos agotados e impacientes. ¡Cuidado! queremos que la Navidad tanto para Uds. como para mí sea un momento de gracia. Para esto quiero proponerles la siguiente meditación.

En el evangelio leemos que Jesús nació en un pesebre porque no había lugar para ellos en la posada. Esto nos ha llevado a imaginar a un José golpeando de puerta en puerta y angustiado porque éstas se cerraban. Los orientales son personas muy acogedoras, saben por experiencia que no acoger a un peregrino puede significarle a éste la muerte por el calor del día o el frío de la noche o porque puede perderse en la inmensidad del desierto. No es que a José se le cerraran las puertas, sino que él, al ver tan llenas las posadas -que no eran otra cosa que un patio donde la gente se tumbaba junto al fuego- se dio cuenta que ese no era un lugar apropiado para que María diera a luz; ese momento requería de intimidad, respeto y silencio. Por esto José buscó un lugar y lo preparó con esmero para que ahí naciera el Salvador.

Queridos amigos, en medio de nuestras bullas y prisas es difícil poder llegar a tener una experiencia de Dios; en nuestros días, también nosotros necesitamos buscar con atención y prepararnos interiormente para acoger a Jesús.

San José limpió aquel pesebre, puso paja y lo acomodó con lo que tuvo a mano para que fuera un lugar digno para que naciera el Niño. A la luz de esta realidad podríamos preguntarnos ¿qué hemos de limpiar y disponer en nuestras vidas para que Navidad no sea solo un recuerdo de algo que pasó hace mucho tiempo, sino que me pueda dar cuenta que es un milagro salvador que hoy se realiza para mí?

Les invito a vivir el espíritu de esta fiesta, que hemos de mantener, si es posible, hasta el seis de enero (Pascua de Reyes). Tratemos de hacer un poco de silencio, vamos a nuestras iglesias y en oración, sin decir nada, contemplemos el misterio del Dios que se hace pequeño para que nosotros seamos grandes. En la tranquilidad de nuestros hogares, como familia y a solas, iluminados por las luces que nos adornan estos días, pensemos. ¿Cómo estoy con Dios y con los míos? Reflexionemos, agradezcamos, propongámonos metas, lloremos quizás, pero con esperanza. Si descubrimos que nos cuesta ser pequeños y servidores, que Jesús vea que eso es lo que deseamos ser, demos gracias con alegría por tantos bienes recibidos y por creer.

En Belén, desde los primeros tiempos del cristianismo, se han levantado algunos templos sobre el lugar donde nació el Salvador, ahí hay una estrella de plata que  indica el lugar del Nacimiento. Este altar está hoy dentro de una inmensa iglesia que está en pie desde la edad media, es un gran templo, que para entrar tiene solo una puerta que es baja y angosta. Llama la atención este detalle, el cual tiene un gran significado: para adentrarnos  en el misterio de Dios hemos de abajarnos,  hacernos pequeños y así entenderemos  lo que Dios quiso enseñarnos y aprenderemos la lección de que para ser felices no se necesitan muchas cosas,  sino solo querer servir y estar cerca de las personas que queremos para ayudarles, tenderles la mano y hacerles sentir lo importante que son.

 

Querido amigos y amigas, vivamos estos días de Navidad que son mucho más que el día 25, mantengamos este espíritu, contemplemos, como María y José, a Jesús; conversemos con este Niño que nos ve, nos oye, y nos ama; y que así, Navidad deje un pozo de alegría y de gracia en nuestros corazones.

Les bendigo con cariño y rezo por ustedes.

 

 

+ Guillermo Vera Soto

Obispo de Rancagua