¡Feliz Pascua de Resurrección! Durante toda esta semana los cristianos nos saludamos con ese saludo, recordando y alegrándonos por la Resurrección de Jesucristo, el Señor.
El Salmo 115 dice en uno de sus versos: “¿Con qué pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Alzaré la copa de la salvación invocando su nombre”.
Sí, todos nosotros tenemos que ser agradecidos con Dios, porque Él es bueno, porque Él es misericordioso, porque de muchas maneras nos manifiesta su amor. Y una de las formas especiales que tenemos nosotros, los cristianos, de agradecer a Dios es, como dice el salmo, de alguna manera alzar la copa de la salvación.
Eso lo unimos, entonces, con claridad a lo que es la celebración de la Eucaristía, de la Santa Misa. Cuando queremos dar gracias a Dios, nada mejor que ir a Misa, participar de la Eucaristía. Esto el pueblo cristiano lo tiene claro, y es así como en una fecha especial, en un aniversario, en un día importante para una familia o para una comunidad, pedimos que se celebre la Eucaristía, que se celebre la Santa Misa.
Tengamos presente lo importante que es la Misa en la vida de nosotros, los cristianos: la Misa dominical, el lugar donde nos reunimos como comunidad para celebrar nuestra fe y donde, cada uno y como Iglesia, damos gracias a Dios por tantos dones recibidos.
Aprendamos a ser agradecidos con Dios. Para eso, entonces, acudamos cada domingo con fe y con alegría a la celebración de la Misa.
Recordemos aquel pasaje del Evangelio cuando el Señor va pasando y hay un grupo de leprosos que le piden que tenga misericordia. El Señor les regala el don de la salud; ellos se van felices, pero solo uno vuelve para dar gracias. Y el Señor pregunta: “¿Y los otros nueve dónde están? ¿No quedaron también sanos?”.
El Señor valoró a aquel que supo volver para dar gracias. Entonces, que en tu oración personal y en la mía también, en muchos momentos, sepamos manifestar nuestro agradecimiento al Señor; sepamos reconocer la obra que Dios realiza misericordiosamente en nuestras vidas y démosle las gracias.
Frutos de Cuaresma
Una manera también de dar gracias al Señor por los dones recibidos es saber compartir con los demás lo que nosotros hemos recibido, lo que nosotros hemos logrado, fruto del trabajo, del esfuerzo que cada uno realiza, fruto de aquellos talentos que supiste trabajar en tu vida y que, por sobre todas las cosas, son bendición de Dios.
Por eso, en este tiempo pascual, quiero invitarte a mostrar tu agradecimiento para con el Señor, compartiendo y devolviendo a tu comunidad aquella alcancía que recibiste al comienzo de la Cuaresma y en donde tú ibas colocando los frutos de tus privaciones cuaresmales, con los cuales, como comunidad de Iglesia, en este año queremos ayudar de manera especial a la vida de nuestros hermanos adultos mayores, en los distintos grupos que hay en la Iglesia y en las distintas necesidades que se manifiestan.
Hace muchísimos años surgieron en la Iglesia, en nuestras comunidades parroquiales, los grupos de adultos mayores, los grupos de ancianos —como se decía— que se reunían, conversaban, compartían la vida, rezaban juntos y compartían una rica once.
Ahí estaba la comunidad de la Iglesia, a través de la parroquia y de las diversas instancias que tiene la Iglesia de servicio y de caridad, preocupada de ayudar a quienes más lo necesitaban: esos hermanos nuestros mayores, a los cuales también tanto tenemos que agradecer por lo que significan en la vida de nuestra familia, por lo que fue su trabajo, su aporte para todo el bien de nuestra sociedad; debemos saber reconocer lo que ellos hicieron y no dejarlos solos.
Por eso, qué importante es tu aporte, qué importante es, como una manera también de mostrar tu agradecimiento al Señor por lo que ha hecho por ti, por todos nosotros, entregar esa alcancía.
El Señor ha hecho grandes cosas, nos ha salvado, que es la gran obra de Dios: la de un Dios que se ha acercado para salvarnos y de un Dios que continúa mostrando su misericordia en cada una de nuestras vidas.
Sepamos, entonces, agradecer al Señor, con la participación en la Santa Misa, con frecuencia cada domingo, como corresponde a un cristiano; con tu oración personal; con tu servicio; con tu colaboración para con aquellos que lo necesitan. En el caso de la Campaña de Cuaresma de Fraternidad, con tu colaboración, para ayudar en la vida de nuestros hermanos adultos mayores más solos, más necesitados, para que puedan tener más vida y más esperanza.
Les invito, entonces: volvamos, traigamos a nuestras iglesias, ya con prontitud, esa alcancía con el fruto de tus privaciones cuaresmales y que será motivo de alegría y de esperanza para muchos. No lo olvidemos. Es justo y es necesario dar gracias al Señor.
¿Y cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? “Alzaré la copa de la salvación invocando su nombre”.
Que el Señor les bendiga.
+Guillermo Vera Soto
Obispo de Rancagua